ESPAÑA Y PORTUGAL
El mayor viñedo del mundo
Pasión. Sin ella, ¿qué valdría la vida? ¿Y sin vino…? Decía Dante que el vino siembra el corazón de poesía. ¿Será el carácter de sus gentes? ¿Será por el mayor y más diverso terroir que el mundo posee? ¿O simple y llanamente porque no hay estupidez mayor que vivir sin pasión? Séneca así lo sentenciaba. Más de cien millones de viajeros son conquistados cada año por la Hispania apasionada.
Un terruño de terruños históricos óptimos para la producción de vinos de toda expresión, la península ibérica y sus ínsulas, no sólo es el destino de muchos destinos recurrentes, sino el ideal para los espíritus y paladares exigentes que anhelan autenticidad y diferenciación en dosis de naturaleza concentrada.
Arte líquido que a la mayoría reconforta y alegra, el vino español y el portugués brindan la posibilidad de viajar a la inacabable biodiversidad de Iberia. Descubrir y catar el alma y el corazón de unos paisajes embriagadores, o comprender la ciencia y profesión de una vieja y nueva generación de enólogos dada o atraída por estas tierras. Como Cervantes y Camões, ellos son quienes, para nuestro deleite y su propio ejercicio, inventan las pasiones de un oficio que ejercen más libres cada día. Con el sol y la altitud como garantes de calidad, y una geología diversa de suelos pobres, encuentran la óptima madurez en sus uvas y los matices deseados para sus vinos.
Vitivinicultura de bajo rendimiento que, como en las letras hispanas, no está exenta de ilustres celebridades, pero que sobre todo hoy presume de proyectos audaces y de incontables e inéditas expresiones. Ecológicas muchas, la inmensa mayoría bien afinadas y todas procedentes de una superficie de viñas sin igual. España y Portugal son líderes, absoluto y relativo, a nivel mundial. Mediterránea y atlántica, europea y africana, abrupta y variada como ninguna y con una historia universal por todos conocida, la Ibérica y sus islas, tras décadas de silenciosa revolución, inician una época dorada.




